El arte de abandonar la clandestinidad

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31/05/2011 | Notas

Teatro independiente en Buenos Aires.

Una casa antigua, una ferretería, una fábrica; cualquier lugar es válido para dar función. Si bien el circuito under goza de una alta productividad, los problemas legales le representan un gran obstáculo. Las leyes de habilitación que regulan los espacios alternativos les imponen requisitos que son incapaces de afrontar. Cómo se organizan para defenderse.

Ni grandes marquesinas, ni luces de colores, ni un escenario de tablas. En Buenos Aires hay una generación de directores y actores que no necesitan nada de esto para desplegar su arte. Les alcanza con cualquier espacio físico -sea una vieja ferretería, una casa antigua o una fábrica- para armar un espacio cultural donde artistas entusiastas y un público activo se reúnan en un vínculo que le escapa a lo ya conocido en el teatro comercial. Pero pese a la productividad del sector, estos espacios han tenido que funcionar por años al margen de la ley, ahogados por la imposibilidad de cumplir con los requisitos que exige una habilitación. Es por eso que desde hace poco menos de un año, 21 espacios agrupados en el colectivo ESCENA pelean fuerte por conquistar una reglamentación que les resulte posible cumplir y que, al mismo tiempo, respete el espíritu particular de estos lugares que distan mucho de ser teatros comerciales a pequeña escala.
“Si bien existe la categoría “espacios no convencionales” para definir todo aquello que no es un teatro clásico a la italiana, lo cierto es que son un conjunto muy heterogéneo y cada uno tiene su particularidad. Sin embargo, estos espacios comparten el hecho de que el producto estético que generan siempre supone un riesgo mayor que hacer una obra en un teatro “normal”, porque hay un desafío de ver cómo hacer un hecho artístico en un lugar que a priori no está preparado para eso”, explica el investigador teatral Julián Bokser.
En estos lugares, la geografía propone y altera los productos; conforma un factor decisivo a la hora de producir una obra de arte e influye del mismo modo en la experiencia del espectador. “Cada uno alberga en sus puertas, paredes, pisos, escenarios, escaleras, una historia, una especificidad que no fue accidental a la hora de habitarlos y dotarlos de sentido cultural; y cada uno de ellos conserva esa particularidad habiéndose ésta resignificado en una originalidad digna de homenajear”, afirman Martín Seijo y Natalia Fernández Acquier en su ensayo De la independencia a la autonomía: reconfiguración de las artes escénicas a partir del surgimiento de ESCENA.
La asociación civil sin fines de lucro ESCENA (Espacios Escénicos Autónomos) surgió en junio de 2010 de un de una reunión auto-convocada de dueños de espacios teatrales alternativos. Se concibió como la herramienta de acción para la construcción de un circuito autónomo para las artes escénicas, pero a partir del derrumbe del boliche palermitano Beara y su correlato en una creciente presión legal sobre estos espacios teatrales no reglamentados, ESCENA concentró todos sus esfuerzos en la búsqueda de una solución a la problemática de las habilitaciones.
“Hasta ese momento, los espacios funcionaban en una suerte de clandestinidad impostada, que surgía por obligación del sistema más que por voluntad política. Es decir, no tenía nada de romántica la situación y era bastante estresante para los gestores de estos espacios”, asegura Martín Seijo, miembro del colectivo ESCENA. Frente al problema de la ilegalidad, cada espacio había llevado a cabo sus actividades con sus propias estrategias; algunos elegían una difusión discreta, utilizando como métodos principales de promoción las redes sociales y el boca a boca, mientras que otros apostaban a la mayor visibilidad posible en los medios, entendiendo que esto, en caso de ser clausurados, les aseguraba solidaridad tanto del público como de referentes de la actividad escénica.
El problema legal de estos espacios está enraizado en las inmensas dificultades que les representa afrontar los requisitos de habilitación que las leyes que pretenden regularlos les imponen. Hay dos leyes para Salas de Teatro Independiente: una de ellas, la 2147, es para salas preexistentes al 20 de diciembre de 2006 y exige menos requisitos para conseguir la habilitación. Sin embargo, son muy pocas las salas habilitadas por esta ley, por lo que la mayoría continúa funcionando con permisos transitorios. La otra ley es la 2542, sancionada a fines de 2007 producto del pánico causado por la tragedia de Cromañón. “Fue confeccionada por diputados y asesores que muy poco saben de qué se trata el teatro independiente. Por esa razón, ESCENA la cuestionó y cambió,  señalando que no se corresponde con lo real de lo que supuestamente legisla”, afirma Rubén Sabadini, representante del teatro miembro de ESCENA Vera Vera.
La ley exige cumplir con requisitos que aparecen como irrisorios para estos espacios, considerando que los agrupados en ESCENA no persiguen fines de lucro y cuentan con capacidad para no más de 50 espectadores. La ley les exige, por ejemplo, instalar en algunos casos un ascensor o un montacargas. Además, no contempla la necesidad estética de usar cada uno de los rincones del espacio para desarrollar un hecho escénico, cuando, en efecto, es una característica central de estos lugares montar obras en patios, terrazas, baños, cocinas o pasillos.
Desde este lugar, ESCENA lucha por la sanción de una ley específica que respete el espíritu particular de estos espacios y solicite requisitos razonables desde el punto de vista económico.
Ya han conseguido ciertos logros en la modificación de la ley, como la aprobación de que todo espacio escénico o sala de teatro puede empezar a funcionar con sólo iniciar el trámite de habilitación. “Este fue el primer paso pero la alternativa elegida por ESCENA es una ley propia para el circuito autónomo de artes escénicas de la Ciudad”, explica Martín Seijo.
Los miembros de ESCENA no postulan al Estado como un enemigo de toda manifestación cultural, sino como un organismo con puertas abiertas a sus preocupaciones. Por eso, Martín Seijo considera que concertar una ley que los inserte en el mundo de la legalidad burocrática los haría más fuertes y productivos sin anular su independencia y alternatividad: “Formamos parte del Estado, somos ciudadanos, y queremos que se reconozca y proteja lo que hacemos porque entendemos que este hacer puede ayudar en la construcción de una sociedad más libre y democrática. Si el Estado y sus gobiernos no lo hacen, nosotros seguiremos adelante. Aunque tengamos que volver a escondernos. Esta voluntad es el reaseguro de nuestra autonomía”.

IMPA, la fábrica de resistencia cultural

Si la situación legal es complicada en cualquier espacio teatral no convencional, lo es aún más en el centro cultural que funciona en la fábrica recuperada IMPA, que, al día de hoy, está resistiendo un desalojo.
La industria metalúrgica y plástica IMPA  fue cedida a la cooperativa que integran sus trabajadores en el 2008 a través de la expropiación establecida en la ley 2969. De todos modos, desde aquel momento tanto los trabajadores de la fábrica como quienes integran el centro cultural, el bachillerato para adultos, el centro de salud gratuito y -desde este año- la Universidad de los Trabajadores que allí funcionan, han resistido pacíficamente sucesivos intentos de desalojos con guardias, vigilias culturales e incluso -en 2009- con huelgas de hambre.


El hecho de que la situación de IMPA sea complicada en términos generales y no sólo en tanto al teatro que allí se desarrolla, diferencia su realidad particular de la de los espacios teatrales alternativos en general. “Lo que se busca es generar hechos culturales que cuestionen el orden establecido y por otro lado, la propia organización del centro cultural ya lo está cuestionando. Es un centro cultural dirigido y gestionado básicamente por trabajadores de la fábrica con colaboración de algunas personas que no pertenecen a la fábrica pero que aportan en esa construcción”, sostiene Julián Bokser, investigador teatral y colaborador de IMPA.
Quienes llevan a cabo actividades en IMPA, sea cual sea el área en que lo hacen, tienen muy claro su objetivo y hacia allí avanzan conjuntamente: “La intención de IMPA es hacer trabajo, educación y cultura de un modo contra hegemónico, de una forma distinta de lo que se hace en el resto de la sociedad, con lo cual, lo que se busca no es la aceptación de parte del sistema sino cambiarlo, lo que no quita que consideremos importante conseguir la habilitación de los espacios teatrales, pero fundamentalmente buscamos la expropiación definitiva para los trabajadores”, explica Bokser.

Nota:  Ma. Delfina Torres Cabreros

4 comentarios a “El arte de abandonar la clandestinidad”

  1. Gonzalo says:

    Felicitaciones por el trabajo realizado, notoria la capacidad que tenès como futura periodista para realizar entrevistas.
    Fui un espectador mas de aquella casa antigua / ferreterìa y coincido en lo absurdo que es pensar en cumplir con una ley tan exigente para este tipo de obras teatrales , las cuales no persiguen fines de lucro como bièn aclaràs. Me sorprende que la ley exija instalar ascensores en estos espacios reducidos , no miente Rubén Sabadini al afirmar que la ley fuè confeccionada por diputados y asesores que muy poco saben de qué se trata el teatro independiente.

  2. Juliana says:

    Fantástica nota!!!! una mamá más que orgullosa imparcial a la hora de juzgar!!!!

  3. Nina says:

    Se nos va para arriba!!!! Felicitaciones Del y muy buen tema para poner sobre la mesa!!!

  4. Juan Cruz Toulouse says:

    Muy bueno, te felicito!!!. Espero sigas así y te vaya muy bien en tu carrera y vida futura como periodista. Me pone muy contento, segui asi. Un beso del primo

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